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BAJA CALIFORNIA  
 

Tijuana: el rostro de la pobreza

Julieta Martínez
Además de ser una ciudad fronteriza, Tijuana es una entidad con su periferia constituida por largos cinturones de pobreza en donde sus habitantes no alcanzan a cubrir sus necesidades más elementales, como alimentación, salud y vivienda digna

 

 


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“Yo sentía que conocía Tijuana hasta que encontré nuevas realidades de pobreza y necesidad infinita. Cuando comenzó la campaña electoral (de Jorge Hank Rhon) visitamos colonias en las que hacía años no había estado”, habla como para sí misma María Elvia Amaya, presidenta del Sistema Municipal para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) y esposa del actual alcalde priísta.

Esa realidad que afecta a miles de personas que forman los grupos más vulnerables de población, y la falta de apoyo para salir adelante, la sensibilizó, y ella convirtió su gestión en un reto, no en un desempeño basado en campañas asistenciales, “que más bien son eventos sociales”, critica.

La otra cara de la ciudad, lejos de los barrios lujosos y exclusivos, también se reveló a sus 18 hijos, a quienes ha tratado de mostrar la posibilidad de servir, no con fines asistenciales sino por medio del impulso de la participación de los beneficiarios quienes se han convertido a su vez en multiplicadores entre sus vecinos.

De acuerdo con el Estudio Exploratorio de la Marginalidad Urbana en Baja California, hecho por Arturo Ranfla y otros académicos del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma del estado, Tijuana presenta un patrón de marginalidad claramente definido: la periferia concentra las áreas más marginadas de la región y el centro ubica las zonas con los niveles más propicios para vivir.

El análisis, en el que también participan los investigadores Daniel Toudert, Guillermo Álvarez y Guadalupe Ortega, advierte que mientras las ciudades con menores índices de pobreza son Mexicali y Ensenada, Tijuana y Tecate figuran como las que concentran mayor presencia de áreas de alta marginación.

Para María Elvia constatar que, a pesar de ser una de las ciudades con menor índice de desempleo en el país, presenta los problemas de zonas altamente marginadas –colonias de reciente creación pero también algunas antiguas, olvidadas por años– fue decisivo.

Sin los servicios más elementales, difícil acceso a la atención médica y prácticamente arrinconados en áreas que sólo ellos conocen, esos tijuanenses, la mayoría llegados de otros puntos del país, mostraron a la esposa del alcalde Jorge Hank Rhon una realidad que creyó conocer hace diez años, cuando participó en grupos de ayuda y rescate de la Asociación Gilberto, surgida a raíz de los desastres causados por la naturaleza.

Los marginados

 

Los marginados de Tijuana no son víctimas de la naturaleza, sino de la necesidad que los empujó a abandonar sus lugares de origen y a establecerse en esas áreas de la ciudad donde nadie los mira, sólo ellos y algunas personas que conocen los problemas y se acercan esporádicamente para brindar ayuda porque el crecimiento de la mancha urbana rebasa cualquier capacidad de los gobiernos para elevar o mejorar su nivel de vida.

Y es que según una investigación, realizada el año pasado por Aguilar y Barrón, el crecimiento en las zonas fronterizas dispara los precios del suelo y del transporte, situación que repercute en la generación de desigualdad y pobreza. “Algunos de estos rasgos característicos de Tijuana provienen de su acelerado crecimiento demográfico que supera las capacidades de la ciudad para hacer frente a necesidades básicas de la población, como vivienda, agua, educación, salud entre otros”.

Esto lo entendió María Elvia Amaya de Hank, quien recuerda su paso por aquellos lugares en 1995, cuando creyó descubrir una Tijuana que en una década se convirtió en un lugar más triste y de más necesidades.

“La campaña política para mí se convirtió en una campaña de sensibilización en la que puedo ver la realidad, lo que sucede. Por eso, al inicio de este trienio, me prometí hacer lo más que pueda por los grupos vulnerables, los que me tocan a mí en el DIF, porque no puedo abarcar otros aspectos”.

Lo primero para llevar a cabo los planes fue tocar puertas, como medio para obtener los recursos necesarios, pero no todas se abrían con facilidad. Algunas sí, incluso con una sonrisa, pero otras se mantuvieron ajenas.

La esposa del alcalde explica que cuando se abre una puerta para apoyar a los necesitados se obtiene un regalo de vida para quien lo da y para quien lo recibe, por ello describe su labor como una experiencia muy enriquecedora, que humaniza a quien ha tenido todo, que viste con marcas exclusivas y en su vida ha sentido la preocupación por lo que comerán sus hijos al día siguiente.

“Precisamente a mí me cambió a tal grado que empiezo a querer hacer todo lo posible por llevar estas ayudas. Si esta campaña no me hubiera cambiado en ese sentido, yo siento que de alguna manera mi desempeño habría sido muy fácil, hubiera manejado el voluntariado, a lo mejor con unas cuantas señoras que me acompañaran a determinados eventos, como normalmente yo veía que se hacía”, dice María Elvia Amaya.

 

Reestructuración del DIF

 

Como parte de su proyecto en el DIF, Amaya de Hank inició un programa de reubicación de los colaboradores en áreas afines a sus capacidades, además de poner a trabajar a quienes poca o nula función desempeñaban en la administración, dice, así como despedir a los que no tenían ni encontraron lugar, lo que implicó un recorte de la tercera parte del personal.

“Fue como entrar de cabeza al manejo operativo del DIF, saber qué estaba pasando con mi director, con toda la gente que trabaja dentro, cómo y por qué se hacen los eventos, que no deben tener la simple función de recrear, sino de apoyar a los necesitados. De no ser así, posiblemente me hubiera conformado con hacer un centro asistencial”.

Así, con estos programas que perduran, que no se quedan en la ayuda momentánea, es más fácil gestionar apoyos y garantizar a los benefactores que su ayuda cumple con la función que se busca. Entre los programas realizados este año por el DIF de Tijuana destaca la creación de guarderías para madres trabajadoras, la construcción de un “macrocentro” para actividades de la familia en general, y el apoyo a personas mayores y con capacidades diferentes.

También se han rehabilitado los centros de atención poblacional que estaban en “deplorables condiciones”, que se convertirán en sitios para el desarrollo integral de la familia y así cumplir con la vocación para la que fueron creados, señala Amaya de Hank.

Sobre el “macrocentro”, la presidenta del DIF de Tijuana destaca que se atenderá a la familia de manera integral, no “a los niños acá, a los ancianos por allá y los papás por acá”. Las instalaciones contarán con características únicas en el país, con capacidad para atender a dos mil 500 familias por día, a través de las diferentes actividades que se planean.

Familia: primera obligación

“Ningún día me he quedado con alguna tarea pendiente, ya sea porque me ganó la flojera o por cualquier pretexto, por el contrario, he hecho rendir cada día lo más que se puede. Simple y sencillamente estoy satisfecha con lo que he hecho pero no porque pueda quedarme con lo que hice hasta ahora, sino porque he hecho el esfuerzo necesario para sacar cada día”, asegura María Elvia Amaya respecto a su desempeño.

“La satisfacción puede ser más el hecho de que hemos trabajado concienzudamente todos los días, llevando ayudas reales todos los días, y sobre todo dándonos cuenta de cuáles son todas las necesidades y que tenemos que trabajar mucho más.

Y aunque el compromiso con los tijuanenses es total, un trabajo de tiempo completo, Amaya de Hank advierte que no sacrifica la familia propia; por ello, dice, acordó coordinarse con su esposo, el alcalde Jorge Hank, a fin de no descuidar ni su matrimonio ni a los 18 hijos de ambos.

“Desarrollo lo más que puedo durante todo el día, siempre y cuando no se atraviese con las cosas de mi familia. Hemos tenido cambios significativos porque el tiempo del alcalde no es el mismo, pero por lo mismo yo tengo que estar más al pendiente. Hago todo lo que puedo hasta las tres de la tarde y de ahí me voy a mi casa, donde hago lo pendiente, pero estoy con mis hijos”, explica.

“Así, entre que un niño toma una clase y otro hace otra labor, yo monitoreo lo pendiente. No puedes desprenderte de una cosa ni de otra”, dice en referencia a su gestión como presidenta del DIF y su papel de madre.

“Realmente quien se ha sacrificado soy yo, porque he dejado de hacer las cosas que a mí me gustan por hacer esto del DIF, en cuanto a ellos no les quito tiempo ni mucho menos, porque para ellos siguen siendo lo mismo, aunque sí han resentido la falta de su papá, que no está el mismo tiempo con ellos.

“Pero la ganancia de mis hijos es que se han dado cuenta de la realidad de Tijuana junto conmigo, saben de las necesidades y siento que son niños que crecen en un entorno en el que será muy provechoso ver el esfuerzo que sus padres estamos poniendo en un bien de la sociedad, esa es la mejor herencia que les podemos dejar”, afirma la presidenta del DIF de Tijuana.

 

 

Publicado en: Diciembre 2005



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