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BAJA CALIFORNIA  
 

Emigrantes en Tijuana

Julieta Martínez
Ante el incremento de peligros en las rutas, la migración indocumentada a Estados Unidos se ha convertido en un verdadero reto de sobrevivencia, sobre todo para niños, adolescentes y mujeres.

 


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En la medida en que se incrementa el número de emigrantes, de la misma forma son más quienes viven esos peligros, advierte el investigador de El Colegio de la Frontera Norte (Colef), Germán Vega Briones, quien refiere que actualmente una tercera parte de los indocumentados son mujeres.

Los registros oficiales reportan cada año 300 muertes de emigrantes, cifra que refleja los riesgos, que van desde las temperaturas extremas, picaduras y mordeduras de animales, hasta los asaltos y ataques de delincuentes.

Aunque no hay estadísticas separadas por género, se ha logrado establecer que en la medida en que crece el número de mujeres que salen de sus hogares a buscar trabajo, aumenta la cantidad de quienes sufren riesgos y mueren en el intento.

Ahora no sólo enfrentan los peligros “normales” que representa el cruce por zonas desérticas y montañosas, porque en suelo mexicano se han convertido en presa de secuestradores y extorsionadores disfrazados de guías o “coyotes”.

También se han detectado casos de mujeres y niños secuestrados por esos delincuentes, asegura el coordinador de las casas YMCA del Menor Migrante de la Zona Norte, Uriel González. El más reciente fue el de un adolescente de 17 años que cruzó a Estados Unidos por San Luis Río Colorado, Sonora. Su familia contrató a un traficante para que lo llevara a Arizona.

Pactaron un pago de mil 600 dólares por el "trabajo", pero a última hora el traficante decidió duplicar el cobro y advirtió a los padres que llevaría al joven con ellos hasta que accedieran a sus exigencias, lo cual aceptaron.

Otro caso se registró en Tijuana, donde dos niños y una mujer cayeron en manos de una banda de “polleros” que no sólo cobró rescate para liberarlos, incumplieron el pacto de “cruzarlos” y además los amenazaron de muerte para que no presentaran denuncia.

La mujer, madre de los niños, pidió ayuda para regresar a su natal Oaxaca, mientras su esposo permaneció en Estados Unidos hasta pagar el préstamo que tuvo que conseguir para cubrir el rescate que le exigían los delincuentes. Ninguna autoridad supo del caso.

De acuerdo con el testimonio de la afectada, su esposo contrató a los traficantes de personas desde Estados Unidos, a través de un conocido. Ella recordó que cuando aparentemente todo estaba listo para el cruce, los "coyotes" descubrieron sus intenciones y le exigieron que pidiera a su esposo pagar 5 mil dólares por adelantado. Si se negaba, estaban dispuestos a matarlos.

Luego de tres días de angustia, el esposo depositó el "rescate" y los "polleros" ordenaron a las víctimas que entraran en la cajuela de un vehículo. Tras unos minutos de marcha los bajaron de la unidad, en una calle de Tijuana.

Los niños se enteraron del problema hasta que su madre les platicó una vez pasado el peligro. Sólo habló del asunto para pedir ayuda y regresar a su pueblo.

El investigador Vega Briones, explica que en los últimos 15 años, desde que se incrementó la migración de mujeres a Estados Unidos, no se había sabido de los riesgos que ahora enfrentan. Las mujeres y los niños son blanco fácil de esos peligros, por su vulnerabilidad, y más aún por la naturaleza clandestina de su trayecto, en particular para los centroamericanos y sudamericanos que cruzan por México, señala.

No hay denuncias porque las víctimas deciden no presentarlas, muchas veces por su calidad indocumentada en México y otras porque un problema judicial les distrae de su objetivo de cruzar la frontera.

Comunidades emergentes

 

Ahora las mujeres representan un porcentaje importante de la migración, la tercera parte del total, y a diferencia de aquellos años cuando venían como compañeras de sus familiares, son las protagonistas del éxodo de algunas comunidades, incluso de algunas que no tenían tradición migratoria.

Vega Briones explica que en los últimos 15 años los éxodos han evolucionado y la migración femenina registró cambios. Primero sólo viajaban acompañadas por sus esposos o compañeros, hermanos o incluso amigos, casi nunca iban solas. Después hacían el trayecto con sus hijos para reunirse con sus familiares o amigos. En la actualidad van solas, por su iniciativa, sin sus hijos; con la idea de abrirse camino en Estados Unidos, y, como hacían los hombres en el pasado, envían por sus seres queridos, o se quedan en el extranjero para mantener a sus familias.

Muchas de las comunidades creadas en parte por esas mujeres se denominan "emergentes", porque están integradas por originarias de estados sin tradición migratoria, como Tabasco, Campeche, Hidalgo y Quintana Roo.

Son comunidades "bastante bien establecidas", en zonas como la bahía de San Francisco, dice el investigador. Lo negativo para quienes salen de esos nuevos estados expulsores es que al no tener tradición migratoria, desconocen las condiciones de las rutas y los riesgos que implican.

Lo que no ha cambiado es la causa de la migración: el problema económico.

Hay estados expulsores de emigrantes que aparentemente no tienen problemas de empleo, pero no es lo mismo un salario de 18 dólares la hora, que uno menos de la mitad de esa cantidad por una jornada de más de 12 horas. Así, el sueldo y el empleo son un fuerte incentivo para mujeres y hombres.

De esa forma se ha detectado la migración por etapas, en la que los emigrantes se establecen temporalmente en ciudades mexicanas de la frontera norte, trabajan por un tiempo y luego intentan cruzar al vecino país.

Las mujeres se emplean en las casas, como empleadas domésticas, incluso llegan a prostituirse cuando no encuentran otra forma de subsistir, particularmente las centroamericanas indocumentadas, señala Germán Vega.

 

Publicado en: Noviembre 2005



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