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BAJA CALIFORNIA  
 

ISOSA o el homicio de quien sabía demasiado

Álvaro Cepeda Neri

 

 


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I.— El martes 29 de agosto, al sur de la, por todas las razones y sinrazones, complicada ciudad de México, al filo de las siete de la mañana un sicario (en ese momento un simple delincuente) se acercó al conductor de una camioneta que se había bajado del vehículo, para abrir la portezuela posterior, para que bajara un niño que llevó al colegio, y amartillando un revólver, al estilo de las venganzas de la mafia, le disparó un tiro en la cabeza. Un tiro de gracia, llamado así porque, además de certero para privar de la vida ipso facto, lleva el mensaje de una ejecución.

II.— El cuerpo ya sin vida, en el suelo, a esa hora de la matanza, movilizó a los demás padres de familia que estaban por el lugar y la policía hizo acto de presencia 15 o 20 minutos después. En el clima de inseguridad que azota a la capital del país, y al resto del territorio, donde ahora la delincuencia hasta por un simple asalto dispara con armas alquiladas o compradas por el barrio de Tepito o en el mercado del tráfico ilegal y de la “piratería” hasta de armas de fuego, se pusieron a circular las hipótesis más socorridas: quisieron apoderarse de la lujosa camioneta Ford, modelo 2006, y el conductor se resistió al grado de tirar las llaves debajo de ella, esto enfureció al asaltante que le disparó.

III.— Este columnista, ese día regresaba de una entrevista por televisión, precisamente transitando por la zona del crimen, y ya por la radio, en un noticiero, uno de los reporteros viales informaba del homicidio. También con base en un supuesto robo de vehículo y la oposición del conductor para rechazar el ataque. Ya con más datos se decía que el para entonces occiso llevaba a sus dos hijos al colegio; al primero de ellos ya lo había dejado y al otro, que asistía a otro plantel, lo estaba bajando del vehículo, cuando el matón se acercó (algunos de los que lograron mirar, aseguran que intercambiaron palabras) y le propinó el único tiro en la cabeza. Sabía bien su trabajo, al fin sicario, como veremos, en cuanto más información alimentaba a los medios de comunicación.

IV.— Al filo de la media noche o quizá antes, apareció el nombre del asesinado: Francisco Obel Villarreal Antelo. 38 años de edad. Iba vestido informalmente, incluso con chanclas y atuendo medio deportivo. Y que era funcionario, empleado federal, es decir: servidor público. Hasta el otro día un solo periódico: Diario Monitor, a “ocho columnas” (que en el formato de lo que fue el antiguo Heraldo y ahora perteneciente al Grupo Monitor: radio, televisión y prensa escrita, su presidente es el comunicador José Elías Gutiérrez Vivó, es de “seis columnas”) se ocupó detalladamente del crimen, conforme al llamado periodismo de investigación, por sus reporteros: David Saúl Vela, Armando Maceda y Clemente Castro (en las ediciones del 30/VIII y 1/IX/06).

V.— Se trataba, pues, del director de uno de los fideicomisos (todos estos, fondeados con dinero público, por la secretaría de Hacienda y autorizados por su titular Gil Díaz, y que han sido el botín del foxismo para el saqueo de dinero fresco en sustitución de la desaparecida partida secreta de donde se enriquecieron desde Venustiano Carranza a Zedillo). Ese fideicomiso, por sus siglas: ISOSA (Operaciones Integradoras de Servicios Operativos, S.A. de C.V.) manejaba miles de millones de pesos, de los cuales 9 mil millones andan “extraviados” y cuya empresa, dizque privada con fondos públicos, realizó “operaciones” con los hijastros de Fox e hijos de Mart(h)a.

VI.— Sobre ese fideicomiso y los llamados Aduanas I y Aduanas II el reportero Miguel Badillo había estado siguiendo las pistas por medio del periodismo de investigación, publicando la información en su columna: Oficio de papel (que se publicaba en El Universal, de cuyas páginas fue despedido, eso sí con todas las de la ley, por presión de Gil Díaz) y que, con reportajes más completos, aparecieron en varios números de la revista Contralínea, que dirige el propio Miguel Badillo (la edición correspondiente a Sonora dejó de publicarse por las embestidas contra las libertades de prensa del desgobernador Bours). Esos fideicomisos han sido, sin lugar a dudas, el arsenal multimillonario que escapó a la fiscalización de la Cámara de Diputados Federales, porque Fox interpuso una queja ante la Corte y ésta, con Azuela y sus ministros bribones, decretaron que no debían de ser inspeccionados porque eran figuras de carácter privado... ¡con fondos públicos!

VII.— Así, el homicidio, presentado como uno más en la ya infinita lista de supuestos asaltos para robar el vehículo, para echarle tierra al cadáver de Francisco Obel Villarreal Antelo y a ISOSA (cuyos millonarios ingresos no se reportaron a la Tesorería de la Federación, para ser depositados a los fideicomisos Aduanas I y Aduanas II e impedir cualquier auditoría, en la clásica maniobra de la corrupción foxista), se debió a que el asesinado era una persona que sabía demasiado. Tanto que mejor era eliminarlo y se utilizó el servicio de un matón profesional. Con un tiro en la cabeza fue ultimado. Es la “escuela” del salinismo, ya así murieron la mayoría de aquellos 24 mexicanos que sabían demasiado del fraude electoral de 1988 y que culminaron con el tiro en las cabezas de Colosio y Ruiz Massieu.

VIII.— En oportuna entrevista, por la hoy por hoy más veraz periodista de radio y televisión (que incursiona en la prensa escrita) Carmen Aristegui, al reportero Miguel Badillo, los radioescuchas se enteraron, de primera mano, sobre el largo, corrupto y ahora criminal historial de ISOSA. Y cuya versión, con sus contribuciones personales, publicó la misma Aristegui (Reforma: 1/IX/06). Obviamente la PGR, por órdenes y para encubrimiento, atrajo el homicidio para que el crimen quede impune, se busque a un “chivo expiatorio” que nunca encontrarán y que la investigación se cierre sin encontrar responsables, como se desprende de la puntual información que se ha seguido (Diario Monitor: 4/IX/06).

IX.— El fideicomiso ISOSA es, tras el homicidio de su director, el caso del que sabía demasiado y advirtió al secretario de Hacienda, Gil Díaz, y tras éste a Santiago Creel, los Bribiesca y demás implicados en un multimillonario desfalco, que denunciaría el fraude e incluso que filtraría información, en caso de que los foxistas quisieran dejarlo embarcado. Al saber demasiado fue ejecutado por un sicario militar o un matón profesional para silenciarlo. Empero, la opinión pública fue alertada y los medios de comunicación que más insistirán en que la investigación por la PGR no quede como el resto de asuntos donde, para proteger a los directa e indirectamente beneficiados y cómplices, ha sido juez y parte.

X.— Salvo Contralínea, desde hace dos años, y ahora Diario Monitor, que han dedicado a lo mejor de sus reporteros para cumplir con los lineamientos del periodismo de investigación; muy excepcionalmente, otros medios escritos y muy rara vez en los de radio (la excepción de la excepción, el columnista y comunicador Alberto Barranco) y nada en medios audiovisuales, el asunto, con todo y la detonación del homicidio, parece estarse enterrando bajo las paladas de tierra de la PGR, interesada, por órdenes superiores” desde Los Pinos a través del notario foxista y titular del Ministerio Público Federal, Cabeza de Vaca, en archivarlo y de ser posible desaparecerlo.

XI.— Los involucrados directamente: Gil Díaz, Santiago Creel, el cuñado de Calde-ron (lo de “ron” debido a los brindis del panista): Diego Zavala, el implicado en las maniobras del IFE para alterar los resultados que han provocado la crisis general de la nación y hasta el titular de la Función Pública, Eduardo Romero (éste es el mismo que persigue al doctor José Enrique Vallarta, porque también sabe demasiado de esa dependencia). ISOSA está, actualmente enredada en dos fideicomisos: Aduanas I y Aduanas II; tienen dinero público, pero los disfrazaron con la figura del fideicomiso, pues, para impedir la fiscalización de la Cámara de Diputados Federales. Y donde están “desaparecidos” más de ¡9 mil millones de pesos!

XII.— Desde Los Pinos y la Secretaría de Hacienda se decidió liquidar a ISOSA para no dejar huella y tapar el multimillonario desfalco, y en el ínterin de su desaparición otorgaron cuatro contratos a la empresa del cuñado de Calderon por un monto superior a 12 millones de pesos. Ante las anomalías de las que el director de ISOSA no estaba de acuerdo y que lo hacían aparentemente partícipe, para lo cual exigía a la Secretaría de Hacienda que se corrigieran los faltantes para entregar contablemente bien los informes para su liquidación, fue ejecutado con simulación de querer robarle su camioneta, en un operativo que no pudo ser un crimen perfecto. La criminalidad gubernativa del foxismo sigue los pasos del salinismo: silenciar a balazos para enterrar a los asesinados y sepultar los abusos del poder.

Publicado en: Octubre 2006 / Año 2 / Número 18



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